El 3 de marzo de 1976 yo tenía 17 años. Fraga Iribarne 54. Ese día -hoy lo sé- el ex Ministro de la Gobernación estaba en Alemania pero mandó desalojar la iglesia de San Francisco de Asís en Vitoria. Todavía no había derecho de reunión, manifestación o sindicatos libres. El resultado fueron 5 muertos.
Lluis Lach entonces hizo el requiem Campanades a Morts que he vuelto a escuchar esta tarde después de tantos años en el mismo disco de vinilo que compré aquella época en cuanto tuve dinero.
Ignoro lo que dice un requiem de Brams o de Mozart pero del que hablo sí lo entiendo. De todas formas he meditado que no es ninguna falta de respeto para el fallecido político brindarle así mi memoria. La música es solemne y acorde al momento.
Memoria que según el cantautor le perseguirá desde ahora (i que en la mort us persegueixen les nostres memòries). Por otra parte como puede leerse no se personaliza en un único responsable aquellos sucesos.
Sólo quería equilibrar en lo posible el dia de las alabanzas de este señor anciano. La muerte es así. Compleja y sencilla a la vez. Esperemos siempre que todo sean rios de tinta y no de sangre.
Ya no soy un adolescente y Lluis Llach está retirado en su pais tan pequeño que hasta el sol a veces duda si lo ha visto. Han pasado 36 años. No creo que los cantautores mercantilizaran la muerte. Sólo fue una manera de testificar y tenía un precio. Un oficio que nos hizo seres terrenales un poco más valientes y a la vez no violentos.

Bienvenidos. Valencia. Spain. Alacant 1959.

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