En el mar no hay fantasmas. Prefieren los bosques, las casas abandonadas, los cuartos oscuros. En el mar también hay ruidos improvistos y movimientos muy extraños que no esperabas, sí, pero al final los detectas: La cresta de una ola que rompe, el viento que aumenta, una botella que se ha caido del estante.

Las jarcias silban y el barco cruje; el delfín respira sonoramente. De repente una gaviota grita y está arriba de ti y no la habías visto. Navegas al lado de un pez luna que flota herido y lo ha descubierto ella antes que tú.

Cuando al final ya no sabes qué pensar; cuando el casco parece que tenga campanas o el agua está tan intensamente azul los dias de calma que parece gelatina admites que quizás pueda haber algún espíritu allí.

Esos sí saben nadar. O en todo caso son tan grandes que simplemente flotan y lo envuelven todo alrededor. Y el cormorán que vuela a poca altura, el sol que rebota en el agua, la veleta del mástil y tú mismo perteneceis entonces a un solo espectro que os mece....¿Es eso La Vida?

Quizás sea la Virgen del Carmen (lo digo en serio): No lo sé.

(no sé por qué María siempre se aparece en cuevas sin luz y en árboles. Tal vez sea porque en esos lugares haga más falta y en el mar simplemente resida siempre y acuda a tierra a 'controlar'.... fantasmas.

..................A medio día el sol se refleja en las aguas tranquilas (¿no es esto una 'visión'?)..... Es un líquido ondulante y manso. Parece el dorso de una gran oruga oscura con sus destellos a cuestas, engalanada y esquiva. Esas pequeñas estrellas en movimiento continuo que se reflejan en el mar absolutamente cegadoras como el brillo de un espejo te hipnotizan al mirarlas y pienso por qué no estaré allí ahora....Dentro....O fuera....Da igual.

En todo caso -al despertar del éxtasis- hay dias de fuerte marejada también. El espectro cambia de cara, La Virgen se cabrea como una madre que te tira la zapatilla o te levanta de la cama un dia de invierno para ir a la escuela cuando apenas tienes tres o cuatro años. Masticas un trozo de pan sobre cubierta y te concentras en esperar, seguir o regresar.

Y estás pensando que eres más un individuo de puerto que de mar. No naciste embarcado. Naciste y creciste en un puerto de mar. Piensas también que el Cabo de Hornos está muy lejos. Tú amas la farola verde y roja de tu pueblo, la dársena, aquellas manos tranquilas del espectro que los dias anticiclónicos también llegan hasta aquí, hasta la playa y la escollera. Los fantasmas tampoco toman el sol...¿Es que no es verdad?