He cambiado ‘la felicidad' por la plenitud. Esta última -creo- tiene más posibilidades ante la vida cambiante moderna, frente a este intenso destino humano que se empeña en cabalgar a su aire absurdamente sobre ese artificio útil (pero tóxico) al que llamamos ‘progreso'.

Salir y entrar de la Felicidad lo encuentro arduo, costoso, más dramático. Gozar puntualmente de sentidos, esquemas y casualidades,  más real y práctico.

No sé quien ha sido, pero han dotado a la Felicidad de cierta cursilería.

Quizás han trazado un modelo social de ‘felicidad' tan monetario que aunque seas  un gamberro si dices que eres feliz, entenderán que al final te has casado con una directora de sucursal de banco, tienes la parejita de hijos y falta nada para que podáis veranear todos los años en alguna isla ya que os comprasteis un apartamento allí. Puede ser un loable, ‘feliz' y honrado sistema de vida. Claro. Pero no el único.

La Plenitud hoy por hoy no tiene programa establecido. Persiste salvaje en la sociedad y la única definición es esa bocanada de oxígeno altamente satisfactoria que provoca en todos, pero que cada cual reconoce como propia. El goce concreto. Esto es importante. La Felicidad es general; la Plenitud, particular.

Y además se la presupone efímera de por sí, casi por definición -más que a la felicidad, a la que nos empeñamos en hacer un estado y un modo de vida constante-.

 Cuando notas la Plenitud, enseguida intuyes que aquello no durará mucho (a veces no sería soportable)  e inmediatamente sientes que no hay nada más tuyo que ese cúmulo de aciertos íntimos y absolutos que estás experimentando. Obviamente, estando pleno eres feliz.

Por qué no decirlo: La Plenitud sería el orgasmo perfecto. La Felicidad el empeñado intento de unos prolegómenos sin fin. Igualmente válidos. Igualmente necesarios. Pero diferente. Sólo queda el escollo de la interfase entre momentos de Plenitud. Lanzarse a una orgía de sentidos plenos que impliquen la autodestrucción sin posibilidad material de repetir esa Plenitud, es un suicidio. Algo de lo que no hablaremos aquí.