Es verdad. Pajaritos. El otro día me lo recordaba mi prima Ana. Cómo había cambiado todo.

Sin querer, aquella tarde, toda la sobremesa y la conversación fueron los hijos: Lo que son, cómo son, cómo creemos que son, lo que esperamos que sean etc etc. Ya no hablamos de nosotros; de nuestra búsqueda personal de la plenitud o de lo que nos pasó ayer.

El ayer inmediato adulto aburre. Es igual al anteayer. Quizás parecido a mañana. Como aquel colmo del pesado que dicen que le preguntas cómo está y va y te lo cuenta. Hablar de la cotidianeidad establecida de los mayores es destaparla, repetirla...Y en ocasiones con vivirla una vez es bastante. Hoy evolucionan ellos, no nosotros.

Sin embargo, por otra parte, nos empiezan a emerger con fuerza 'las batallas'.

Surgen fluidas. Podríamos retomar el hoy, sí, pero con esfuerzo. Y la comparación de su infancia con la nuestra es inevitable porque inevitablemente ha pasado ya medio siglo. Y eso: todo ha cambiado mucho. Aquí hay materia. El presente -para un rato que te ves- no lo vas a diseccionar, a psicoanalizar. Tiene que estar uno muy hecho polvo para mantener una conversación sobre problemas vitales actuales. Prefieres un escueto: Estoy bien. O estoy mal......Y se añade....pero hablemos de otra cosa.

Le llevábamos a nuestra abuela 10 ó 12 gorriones -aprendimos a distinguir por sus plumas cuales eran hembras y cuales machos- y los pelaba y los arreglaba. Los habíamos cazado por la mañana escondidos en algún corral o al atardecer cuando iban a refugiarse para dormir en algún pino grande con una escopeta de balines. Luego los freíamos y nos los comíamos de aperitivo.

Tenían un sabor fuerte. Se comian enteros a bocaos y los huesecillos crujían entre los dientes. Nadie decía nada. Nadie cuestionaba nada. Todo fluía como fluyen ahora nuestras historias del pasado. Con normalidad.

Posiblemente si algún hijo o hija nuestra hoy nos dijera que coje una carabina para irse a matar gorriones para luego comérselos -recuerdo que esta ley neolítica de la Naturaleza era básica y de obligado cumplimiento- nos preocuparía y consideraríamos la cruda posibilidad de tener un psicópata en la familia.