Valencia estaba podrida. Eso resultaba claro, evidente. Todos los datos económicos y sociales apuntaban a ello aunque nadie que fuera honrado pudiera explicarse porqué o cómo se perpetuaba la situación con tal impunidad.

 Al final estalla de la peor manera posible para los implicados: Desde dentro. Cuando estás en una organización voluntariamente en la que adviertes irregularidades o te callas, o te vas, o lo denuncias. Eso sin contar las acciones 'de ataque' que pudieran venir desde el exterior.

Pero durante años para el PP Valenciano el exterior no existía. Sólo existía Zaplana y Camps. Luego sólo quedó Camps (aparentemente) y la RTVV y el manejo y la propaganda que ésta podía ejercer para que ese exterior (el pueblo) periodicamente se hiciera presente, aunque sólo en la urnas.

Ahora sí que esto no ha hecho más que empezar. Lo que no pudo hacer o demostrar la oposición lo harán ellos mismos. Ha llegado la señal de la descomposición. Las dentelladas entre los ambiciosos amiguetes sangran mucho y el Becerro de Oro volverá a pastar sólo esperando que otros adictos al poder vuelvan a querer meter tórpemente el estúpido remo en el prado de todos.