En una tertulia radiofónica hace pocas tardes escuché a una señora que se preguntaba por qué el PP y el PSOE -ante la crisis económica- no podían llegar a un acuerdo como habían hecho en Euskadi.

La respuesta es obvia. A los miembros de estos partidos allí los matan por la calle. O en los bares.

Peor aún: Les votan, ganan elecciones y luego los matan por la calle.

Siempre he sido reacio a hablar -aunque varias veces lo he hecho aquí- sobre este conflicto claro como el agua, aunque parezca eterno como el infierno. Además es una cuestión vasca. Y son ellos los que la tienen que resolver.

Pero no entiendo estas opiniones tan frívolas de las tertulias cuando se supone que los contratados son personas preparadas y 'leidas'.

Aprovecho para desear toda la suerte del mundo a este nuevo Lehendakari. Se la habría deseado fuera cual fuere el elegido. Porque ya tengo ganas de volver al País Vasco. Y es que estoy en una especie de exilio turístico. Adopté esta manera de protesta ante la violencia. Y celebrar la paz de una vez viajando.

Lo necesitamos.