Después de días sin escribir, como. Bueno, como todos los días -sí, realmente un defecto que tenemos, pues este metabolismo es un metabolismo de 'servidumbre'; comer puede ser un placer, pero obligatoriamente 3 veces al día parece demasiado placer-.

 El olor del alga nori ha destapado el tarro de unas esencias escondidas, remotas y antiguas, familiares, quizás infantiles que no he llegado a ubicar pues es la primera vez que las utilizo y más aún, trago: No sé a qué me recuerda.....pero no es tan nuevo.

La salsa 'teriyaki' donde he mojado la caballa antes de darle unas vueltas por el wok también me ha gustado aunque mientras lo preparaba todo pensaba qué fin tiene todo este complicado proceso oriental que resulta a veces su cocina.

Y me siento incapaz de dejar de elogiar cómo estaría esta caballa y los espárragos simplemente a la plancha con un chorritón de aceite de oliva, pimentón y limón. Y en vez de arroz, pan.

Enfín, hay procesos aun más complicados que el sushi. Dentro del 'cono' de alga nori había pepinillos y calamar junto con el arroz.

Lo del arroz ha sido curioso. El libro pone: Lavar en crudo y luego hervor fuerte con agua 10 minutos, apagar el fuego y tapar 15 min. Lo hice el otro día con un arroz redondo valenciano y salió perfecto (pensaba que se quedaría duro o incluso tal vez empastrado). Y hoy, que he comprado un arroz japonés sushi (doble precio) el resultado ha sido un poco desastroso pues estaba pasado con estos tiempos, blando en exceso.

Enfín, del plato no ha quedado nada a pesar de todo. Creo que con práctica (al enrrolarla y cortar) el recurso del alga nori va a estar bien para los que les guste el mar al 100%. Osea ese mar que entra por los pies, ojos, piel, boca; ese mar que te araña y te ventila. Ese mar en cuyo seno todos se comen a la hora de 'comer'. Ese mar plácido o despiadado. Esa mar dulce y eterna o esa mar q sólo llega a la vuelta de la esquina pero que puede presidir con plenitud toda una vida.