Hasta ayer, en 10 años, han habido 42 víctimas de la aviación civil en España (fuente La Ser).

Sé que hoy no es el día de hacer esta reflexión pero lo he pensado (mucho) como un duelo y un recuerdo también hacia ellas: Hacia las 30.000 silenciosas víctimas de las carreteras españolas que igualmente en estos últimos diez años han habido.

A ellas no fueron a visitarlas ni el Presidente ni Reyes ni Príncipes.....Es extraño todo esto.

Quizás, en el avión, está hecho todo para que nada ni nadie falle y si sucede, esa sorpresa imprime al acontecimiento todo su fatalismo y su rabia. En el coche sin embargo, dentro del coche y fuera, se llena generalmente de culpables; está repleto: Los borrachos, los imprudentes, los imberbes alocados, las carreteras bacheadas, los vehículos que pueden correr demasiado y los vehículos que no debieran correr tanto; los peatones que cruzan sin mirar y los ciclistas que no miran por el retrovisor o circulan sin luz por la noche, los que no se ponen el cinturón y las que hablan por el móvil...Etc, etc.

Los aviones sin embargo no son tan particulares; es decir, no son tan privados. El 99% pertenecen a compañías que cobran por un servicio y deben 'asegurartelo'. En esa regulación y esos trámites legislativos estatales y empresariales -además- se mueve mucho dinero. Por eso en un accidente de aviación además de clientes, todos son inocentes (como en los atentados terroristas).

La Industria Automovilistica también gana y mueve mucho dinero (en este momento no sabría decir cuanto para poder compararlas) pero me temo que más si haciendo un ranking las autoridades (es decir, la sociedad civil, nosotros) le permitimos que genere esta cantidad de muertos sin apenas rechistar, como rechistamos y nos dolemos frente a otras empresas (por ejemplo las de aviación).

Es decir, ningún Gobierno permitiría -creo- una sangría de tal magnitud, un riesgo tan alto -como el que genera el tráfico de carretera- a ninguna otra actividad.

Por otra parte debe de haber en el avión, en la muerte por avión, algo de tributo, una noción de heroismo que todos reconocemos en pago a una osadia de las personas. Volar es un prodigio.

Que esos aparatos -dentro del riesgo relativo- tengan tanta seguridad y se eleven del suelo miles de metros y recorran miles de kilómetros en un acto físico que no es humano, admira.

Todos, cuando subimos a un avión, tenemos -más o menos- un pensamiento para la calma; un razonamiento tranquilo; cierto saludo a la vida; una leve respiración profunda que nos hace apretarnos hacia el respaldo del asiento conforme la aceleración del despegue inevitablemente también lo hace.

En el coche no pasa esto. Nos subimos a los coches como si entraramos a comprar jamón. Sólo si seres queridos suben en el coche de otros nos sentimos amenazados. Pero mientras esto no sucede, el coche no nos imprime ninguna liturgia en particular: Nos sentamos al volante y punto; cuando por estadística y peligro este acto nos debería de preocupar mucho más que el del avión.

Por último, el número de víctimas que mueren en una misma circunstancia también nos moviliza e impresiona. El goteo constante de suicidios (también son unos 3000 al año) o los mencionados de carretera "a plazos" parece que nos importen menos, diluye su gravedad, su impacto, su noticia.

Pero las familias son las mismas; el dolor el mismo. Es una frase muy utilizada......' en este momento 100 familias sufren y han visto truncada su vida'...Bueno, esto pasa siempre por mucho que la desgracia y el horror sea más paulatino y que el número de víctimas sea menor. Es extraño todo esto.......

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