El caso de Eduardo Zaplana es muy particular. Quien sólo lo conozca como diputado, portavoz y miembro del PP durante la pasada legislatura en el Congreso de los Diputados se pierde un gran culebrón desde los tiempos de aquella alcaldía de Benidorm y no puede llegar a ponderar la caida de un político que lo único que no quería, o pensaba, era -precisamente- caer.

Sin embargo como valenciano de Alicante, puedo comentar con mediana propiedad aspectos del anterior Molt Honorable President de La Comunitat Valenciana (Generalitat o Govern Valencià). Sí, él mismo renunció a este cargo electo a la primera llamada desde Madrid.

En este hecho no comparo partidos sino naciones ya que Lerma (socialista) hizo lo mismo: Cambiar la Presidencia de un pueblo, de tu pueblo, por un Ministerio estatal en Madrid. Y quién sabe (pensarían) hasta dónde desde ahí llegar....Porque este hecho simple y puntual es impensable en y desde otras nacionalidades históricas de la Península Ibérica. Pero bueno, es otro tema. Sólo es una puesta en antecedentes a esta crónica.

Zaplana se marchó de Valencia poco antes de las Elecciones de 2004 llamado por Aznar y evidentemente convencidos ambos de la próxima victoria electoral nacional a manos de M Rajoy. Un futuro de poder desde donde ejercer de Ministro de España y sin dificultad además controlar perfectamente los hilos valencianos, ya que a Eduardo le iban bien las cosas en La Generalitat; era un triunfador elección tras elección con un liderazgo incuestionable.

Una vez lo vi en persona en Alicante, en Hogueras (las fiestas de San Juan). Aquello por cierto me costó meses de burla por parte de mis amistades ante la impresión recibida. Era en la Plaza de Los Luceros, bajaba sonriente del coche oficial en mangas de camisa y así como en volandas, dejándose hacer, acompañado y rodeado por un séquito festivo, lo dirigían hacia la entrada de alguna barraca. Vi un tio alto, moreno, seductor y no me extrañó entonces que aquel sujeto fuera el nuevo 'conqueridor' valenciano. Pensé que los reyes y nobles caballeros de antaño tendrían ese porte, capaces de sólamente con su presencia imponer, hacerse escuchar o dirigir sin contestación los destinos de sus súbditos embelesados.

Pero el destino se cruzó en su camino de rey valenciano. Rajoy pierde las elecciones en el desbarajuste de aquel gobierno mentiroso previo al 14 M. Y Zaplana estaba en él y junto a Acebes aplica a la perfección la estrategia del partido para recuperar el poder: Seguir mintiendo y crispando. Desconozco obviamente si en el fondo de su inteligencia compartiría esta estrategia, pero lo que estaba claro es de que era perfectamente capaz de hacerlo y no tenía otra salida. Estaba en tierra de nadie: Su reino valenciano abandonado, ninguneado por una ambición desmedida, quedaba cada vez más lejos....¿volver?; su reino madrileño, esfumado. Las cosas no estaban saliendo como había previsto.

Si para cualquiera un revés vital nos deja tocados, nos fastidia o nos abruma, siempre he pensado (simplemente por la proximidad del asunto) cómo este hombre ambicioso debe de haber sentido cada uno de estos acontecimientos en las tripas hasta asumir el duelo, la pérdida de todo desde la cumbre, cuando había llegado a ser profeta en su tierra.