La fecha está demasiado cargada de acontecimientos hoy. Incluso a veces imagino a uno de estos unos inflado, con barriguita. No con un abdomen de buena esperanza, no, sino de sobrepeso, descuidado y glotón.

Hace años sólo era una reivindicación clandestina y festiva catalana. Luego tuvo que llegar Pinochet arrasando la voluntad popular, El Palacio de la Moneda y al mismo Allende. Aquella jornada fue un luto casi mundial. Sólo en los entresijos carniceros de la Guerra Fria y la enfermiza obsesión por el comunismo tuvo un disimulado aplauso.

Y después el desgraciado atentado de Las Torres Gemelas que todos recordamos.

Le tenemos miedo ya al 11-S.

(Nota: Referente a Cataluña celebrar la fiesta oficialmente nos enseñó obviamente que los nacionalismos peninsulares no son imperialismos -como se empeñan en tergiversar algunos a su conveniencia- pero sí aparecen actitudes, proclamas y actos al más puro estilo "patria". Y por desgracia -en nuestro devenir histórico de post-guerra y cruzada vencedora- esta palabra y esta noción nos da alergia.

Quizás no debiera ser así. Pero es. Patria simplemente es la tierra de nuestros padres e indudablemente los catalanes no fueron los que otorgaron e inculcaron aquella angustiosa y opresiva connotación a la palabra patria).