Estos días y meses anteriores, una andaluza con un proceso degenerativo muscular, decide no recibir tratamiento sustitutivo con respirador mecánico y comunicarlo a sus médicos. Por tanto, presumiblemente, morir en el mismo acto de la desconexión.

Ha sucedido así. Las noticias son que en la más estricta intimidad, esta mujer falleció según sus expectativas y las de la ciencia actual y será incinerada, todo conforme a un marco ético y legal vigente.

Sin embargo los católicos y su jerarquía dudan y proclaman que su atención hospitalaria pública ha sido una eutanasia, procedimiento absolutamente ilegal hoy en día.

Bien, estos casos son muy complejos. Desde la creencia religiosa que niega una transfusión de sangre a un menor, hasta un familiar que se opone a donar unos órganos, o aquel paciente laico que rechaza una diálisis renal continuada, las opiniones son muy diversas.

Pienso que la Iglesia sólo distingue una cosa como pecado, antinatura y así lo manifiesta: Programar la muerte.

Si decides el dia de tu muerte, los designios de Dios se invalidan. Desaparecen. Algo inconcebible para los sacerdotes.

Por tanto -quizás- el verdadero núcleo de la discordia, de la moral y de la vida futura no estriba tanto en el cómo, sino en el cúando.

Y aunar además cuándo y cómo es ya para otro día; otro atardecer o otro amanecer. De momento habremos de discutir si podemos decidir por voluntad propia el dia concreto y preciso de nuestra desaparición.

¿Cómo enfermos o como sanos? Ya lo dijo alguien. "El problema de la eutanasia no es otro que el del suicidio".

Hay reflexión para rato....