Empiezo a olvidarme.
Hace sólo unos años la memoria de la votación y aquellos meses los tenía más presentes. Recuerdo el debate sobre el continuismo y los partidarios del NO. 19 años. Presumiblemente yo me creería muy mayor, con un criterio aplastante y un seso discernidor y contundente. Sin embargo he podido meter la pata cantidad de veces desde entonces y sólo ahora llegar a lo más alto del Saber....Que es saber que no sabes nada.
Mi abuela intentaba explicarme entonces que eran todos iguales. La política fuera del signo que fuera vista por una viuda de guerra con seis hijos indudablemente no era fácilmente elogiable. Pero yo insistía en la justicia de unos, y la avaricia de otros. Y voté SI.
Lo decidí en el último momento. Era la única via de salida. El NO era un pantano insoportable.
Los años han dado la razón a todos. La transición no fue mal del todo. Pero ha sido cierto (pienso en el NO de izquierdas) que hemos llegado a una democracia liberal occidental donde sólo manda el "mardito parné". Desde los primeros pasos de EEUU por el reconocimiento del régimen de Franco, todo para ellos ha ido sobre ruedas. Caimos en brazos del Imperio babeando. Y Él con disciplina marcial nos engulló.
28 años después nos creemos que somos libres. Efectivamente -comparados con quien, como decía Gila-tenemos el mejor de los sistemas posibles. Pero el peso de la supervivencia, el dinero y el desarrollo insostenible lo acusamos demasiado aplastándonos sin remedio y sin que la política pueda poner freno alguno a los desmanes urbanísticos y al calentamiento (industriales) del planeta ya que las alarmas del empleo y el PIB saltan (o las hacen saltar) al mínimo debate.
Como decían mis amigos de Alicante ya somos "Esclavos del Rey". La solidaridad ha desaparecido. Algunos canales cívicos de protesta perdidos. La unión hace la fuerza, pero no hay unión.
Quizás -si los servicios públicos siguen deteriorándose- antes del penúltimo estertor del estilo de vida europeo frente al americano del norte que nos invade, algunas conciencias despierten y seamos capaces de algún sacrificio cuya recompensa sería esa unión y la solución de problemas parando los pies a los que sólo quieren enriquecerse -y mucho- a nuestra costa (industria petrolera y farmacéutica, por ejemplo)...Pero no sé.
Las ansias de paz y no-violencia tan loables, tan necesarias, tan deseables y tan importantes nos llenan los oidos de discursos vacios, de pactos eternos, de paciencia sin fin. Todos firmamos una y mil veces por la paz antes que cualquier conflicto por leve que sea para dirimir y discutir asuntos. Y esta preferencia no-violenta parece disculpar a todos de sus obligaciones. Todo vale. Todos los pactos incumplidos. Todas las marrullerias políticas asumidas. Todas las estafas y todas las impropiaciones indebidas en el juzgado, pero también a buen recaudo en los paraisos fiscales que el sistema bancario nacional e internacional acepta y tolera. Son como adolescentes envalentonados a los que un capón bien dado y a tiempo hubieran podido corregir.
Queremos esta paz que nos trajo La Constitución. Nunca justificaré la violencia. Pero no olvidemos que vivimos una realidad irreal. Una sociedad de consumo y despilfarro insostenible con sus rios podridos por los valles y las carreteras atestadas de ineficientes vehículos que llegan a colapsar las calles (hay algo más absurdo que un auto-móvil que no se mueve). De sindicatos pactistas que sólo lamentan o envian una nota de prensa cuando las autoridades incumplen esos acuerdos. De viviendas carísimas, pero muchas viviendas vacías también. De recursos pesqueros que esquilmamos. De industrias cárnicas que retan al gobierno el bien común de la salud pública.
Un libre mercado donde vale lo que sea rentable.
Y no olviden lo rentable y legal que era la trata de esclavos negros en el siglo XVIII.

Bienvenidos. Valencia. Spain. Alacant 1959.

Escribe un comentario