Igual que si comparásemos con un mapa antiguo los límites actuales de La Albufera de València viendo como se reducen, representando hoy el lago una escueta manchita de agua semi-azul, parece que la guerra en tierras de Palestina, Israel y Líbano fuera también el resto discreto de las permanentes, dolorosas y extensas guerras libradas año tras año, siglo tras siglo, en el plano convulso de tribus, naciones y pueblos en la ribera del Mediterráneo.

Para mí, esta guerra le quita las ganas a cualquiera de ser periodista; de ser diplomático; de ser historiador; y lo que es peor, quizás de ser ser humano. Una persona que ronde la cincuentena habrá estado todos los días que lleva de vida oyendo y sabiendo de este sangriento y triste conflicto. Las nobles y justas razones -defensa de la dignidad y el territorio- que pudieran haberse dado al principio de esta barbarie a uno u otro lado de la frontera, están tan diluidas en el dolor de todos los inocentes, que ya no justifican nada.

Sólo se me ocurre hoy, escuchando en las noticias los miles de muertos civiles asesinados durante las últimas semanas....Que antes de antes era peor. O en cualquier caso, que la mancha de guerra entre nosotros era mucho mayor.

¿Qué vas a hacer sino? Si al mínimo estirón del hilo de la Historia todo son guerras y atrocidades. Y lo que es peor: Si hay un mínimo ámbito de paz, las imagenes del cine, la TV, los video-juegos seguirán mostrándonos violencia, batallas, explosiones, sangre. Sólo puedes pensar que acaben algún dia por agotamiento; los hombres se habrán matado tanto que por fin dejen de hacerlo.

Parece como si hubiera un empeño social constante en enseñarnos "haz la guerra y no el amor" indistintamente que la sociedad viva en paz o en guerra real. Los niños van descubriendo el sexo por ejemplo como algo recondito, oscuro, lleno de palabras obscenas y ofensivas. Lo confunden con el porno más repugnante e insultante. Ven más natural un brazo arrancado de cuajo o cortado por una espada en una película, que un buen y cariñoso polvo entre los aromáticos pinos de una cala mediterránea que huele a mar y deseo.

Y mientras, las bombas no dejan de caer.

Quizás porque el Mediterráneo nunca fue Los Mares del Sur. Aquí los políticos y militares poniendo cara triste y con impecable traje, todavía dicen que si hay que matar unos cuantos bebés, mujeres y niños sin querer "es porque hace falta". Cierran la rueda de prensa y se van a comer.

Nosotros también.

¡¡Cuanto dolor será el de esos padres, cuanto dolor y cuanta impotencia!!