No sé si tuve más o menos suerte -creo que más- de que mis hermanos mayores tuvieran en "nuestra" habitación un poster de Sorolla en vez de uno de Batman o Superman. La imagen de aquel niño colgado en la pared, jugando en la playa con su barquito, parecía más bien una ventana al exterior que un papel. Viviendo en Alicante, la proximidad de lo representado en aquella pintura, respecto a los héroes norteamericanos, era evidente.

Desde entonces siempre pensé que no me importaría tener un Sorolla en casa. Y no sólo no me importaría sino que sería el único pintor por el que yo pagaría importantes sumas -que no tengo- sintiéndome muy satisfecho, feliz, contento y orgulloso de su posesión. Guardando las distancias -si las hubiera- y reconociendo que no tengo ni idea de pintura, cambio a Velazquez, Goya, Picasso o El Greco en el salón (aunque tampoco tengo salón, esto se complica) por un Sorolla.

Hoy leo en el periódico que se van a subastar 9 en Londres. Estarán entre millón y medio de euros y dos doscientos. Y no sé si deberían de estar todos en un museo o es lícita esta compraventa de obras de arte...O más aun: No sé si es lícita la acumulación de una fortuna tal que te permita el capricho de tener un precioso cuadro en casa. Y millones de personas en el mundo no tienen ni casa, aun mereciéndosela.

El "problema" quizás es que son obras únicas, porque sino la mejor solución sería un préstamo temporal de la pinacoteca, igual que se puede hacer con algunos libros de la biblioteca. El calor de un domicilio no lo da un museo. Que vaya bien Don Joaquín.