A veces no hay más remedio que comprar unas tellinas, boquerones y gambas para sentir el mar. Y ponerse una camiseta marinera.
Cuando el mar no entra por la ventana como decía Gabriel Miró, éstas son algunas de las soluciones, de los parches, de los autoengaños para tenerlo cerca.
De todas formas el mar es mucha mar. Si es obligado medio de vida y fábrica y sustento y camino unívoco es una cosa. Si es olor y viento y hoy lo dejó y mañana voy si quiero, es otra.
Como el hambre: Hambre que espera comer, no es hambre.
La camiseta estaba fabricada en la India para un importador mejicano y comprada en València. Las gambas las escogí extractivas de Senegal por si ayudaba a que menos personas tuvieran que arriesgar su vida en el océano emigrando de allí en "cayuco, saladas y congeladas en el barco, frente a unas cigalitas de Escocia (Reino Unido), y evidentemente antes que los langostinos cocidos brasileños de acuicultura que están arrasando los manglares. Es la globalización.
Las coquinas eran Gallegas, marisqueo puro y duro (creo) pero a un precio que desde hace unos años no hay manera de bajar. Por eso algunos dias me aguanto y vivo en dique seco, cerca del campo, comiendo bajocas, que tampoco está mal.

Bienvenidos. Valencia. Spain. Alacant 1959.

daigual
23 may 2006 | 01:11 PM
"Com si fos un gran ocell
voldria jo volar.
Damunt del mar inmens
cel blau, enllà, enllà.
Blau cel dins els teus ulls,
dins les venes, el mar"
Elèctrica Dharma