Las Fallas se han convertido en unas fiestas políticamente incorrectas. Quizás siempre lo fueron, pero claro, antes no existía el término. Ocupación de la via pública. Obstáculos al tráfico rodado. Ruido. Bastante sucias. Peligro de accidentes con la pólvora. Ineficientes (se convierte en sólo humo mucho dinero...ni siquiera en pan, vino o jamón).

La progresía valenciana las fue abandonando y criticando, y la derecha más folclórica, apropiándoselas (aunque no sé que fue antes y después). Exaltación de la mujer como reina y virgen por unos dias...etc. Y luego ellas a volver a hacer paellas y a cumplir en la cocina entre otras "lindezas" obligatorias. Eso ya lo sabemos. Fue y es un mal universal el machismo. Pero estoy con Enric Morera en su blog. Hay más. Hay otras cosas. No todo es culpa de las fallas. Mientras escribo hay una cadencia permanente de explosiones pacíficas a lo lejos y en el aire. Me gusta. O estoy acostumbrado. O me aferro a ésto pues es lo único que tengo ahora y no hay más remedio que aceptarlo.

A parte de la Primavera, las primeras mangas cortas y la música, está la tristeza del repetitivo ciclo de la vida imposible. La única salida vital: Quemar lo representado, y tal vez es más un consuelo que una rebelión. Todo volverá a ser exactamente igual mañana.

Lo indigno: Indignamente idéntico. Lo bello, similarmente bello. Nosotros, más viejos.

Porque las Fallas también son barrios humildes, monumentos muy sencillos en la calle, petardos pequeños, tracas de minuto y medio, mascletaes inexistentes por falta de presupuesto, verbenas con una minicadena, pisos al borde de la aluminosis que todavía tienen el yugo y las flechas en la puerta del edificio de hace 48 años, desarraigo, inmigración, una cultura agraria arrasada y un cambio productivo del que todavía ignoramos sus consecuencias, aunque tememos algunas. Todo al fuego.

La tele mañana volverá a hablar de los campos de golf; de la Copa del América; de Terra Mítica y Benidorm; Zaplana seguirá siendo un chuleta hasta que lo tiren (le salió mal la jugada de abandonar València); alguna presentadora alicantina de TV afirmará orgullosa -hoy es una victoria, claro- que no sabe ni cocinar un huevo; las hormonas de los adolescentes también se orientarán hacia levante y el mar, pero el Centro Comercial multiocio desviará esta brisa; y un día me bastará freir una ñora y separando su humo como una cortina de tela, aspirando el olor, regresar al lugar del que nunca debí salir. Pero eso jamás lo sabes hasta que te pasa. Queridos.

¡¡¡¡VIVAN LAS FALLAS!!!!

(fotos: Catarroja)