Hoy el dia ha estado marcado por lo laboral.

He visto que bastantes periodistas en activo (o no) tienen su blog y hablan de los entresijos de su profesión sin tapujos.

Hablar de la Medicina sin miramientos, no sé si será más fácil o difícil. Pero me parece que se hace menos en estos foros. Imagino que el acto de narrar está más arraigado entre "los plumillas" y puestos a narrar narro lo que me da la gana y aquí paz y allá gloria.

El médico, no. Trata sobre el bien supremo de la salud. Sobre la Vida. Ejerce un oficio mitad ciencia y mitad arte, mezcla de magia y empirismo y así lo llegan a reconocer los textos más actuales. La actitud terapéutica es a veces imposible de aprender, es un don. La empatía que se comparte con determinados pacientes un misterio, un enamoramiento inaprensible.

Ponerse a hablar a la brava del teatro y la escenificación de la y en la consulta sería profanar esa "liturgia" en ocasiones milagrosa. Reconocer y explicar los gestos y esfuerzos disimulados para atender con corrección a la simpática ( o eso se cree ella) tia María, sería casi vulnerar el secreto profesional. ¿Son realmente técnicas de comunicación esta hipocresía?

¡Qué imagen tendrían los médicos de cabecera entre la ciudadanía si reconocieran en público, en el pueblo, quizás en el hogar del pensionista local, que están hasta la coronilla del 85% de sus pacientes!

Al contrario..¿Cuántos de éstos 85 pacientes reconocerían que realmente no lo son tanto? Que sólo es que están solos; que nadie les escucha; que tienen miedo; que la vida ha pasado y comprueban que las pastillas no se la devuelven.

Late un fraude pues. Hay latente un fraude en la consulta, pero que no es ajeno a la sociedad actual.

Sería absurdo pensar que la relación médico -paciente pudiera "salvarse" o abstraerse de este ambiente de evidencias que nadie atiende. Esta inercia del "desarrollo insostenible" que nadie para; esta creencia del absurdo y la prisa que nadie detiene; esta evidencia del despilfarro que nadie ataja ni economiza; esta realidad del primer mundo tan rico...y tan pobre y avaro a la vez y tan triste como se está convirtiendo.

Este "a dónde vamos tan deprisa para llegar a ningún sitio".

Esta mañana Rosa entre un ajetreo "infernal" en el Centro de Salud ha decidio que su consulta era la más necesaria; ha explicado a todos que se había caido y que debía entrar ya y ha entrado..Y todos han asentido. Esta señora de 81 años tenía un chichón. "Rosa, es un chichón". Pero no sé si está en mal sitio.., ha respondido.

Obviamente no se había mareado antes de caer ni después ni presentaba más síntomas o signos que el chichón. ¿Entonces me voy a casa, no? Claro, Rosa: A casa con un poco de hielo.

Y ha dicho lo de "casa" como diciendo....¡otra vez a casa! Parecía que deseara dejarse llevar..Que los médicos la pusieramos en una camilla y la trasladaramos de aquí para allá sin preocupaciones ni soledades.

O quizás no. Quizás si le hubiésemos recomendado acudir al hopital habría dicho que ella sólo tenía un chichón y que no podía dejar su casa, ni a su marido enfermo, ni la comida de sus nietos pues su nuera trabaja.

¿La condición humana es así? Quizás habría que escribir un libro: "Epidemiología de la Soledad. Tratado". Y además "jubilar" a los médicos de familia, una figura obsoleta y burocrática; quizás víctima actual de su propia omnipresencia en décadas anteriores que sufre ahora una venganza generacional y social (si bien es cierto que algunas personas todavía confían en sus médicos de cabecera aunque a éstos "el sistema" no les deje solicitar TACs, Ecografías o Resonancias...Ni tampoco les dan tiempo para realizar cirugía menor o psicoterapia breve en sus horas de trabajo. Sólo papeles, recetas y papeles.