Mientras espero el vaivén de los niveles de audiencia escucho por la carretera en el coche a Rachmaninov.

¡Cómo entender La Vida sin Modesto P. Mussorgsky, sin Prokofiev, sin Tchaikovsky ni Stravinsky o Shostakovich!

Todo lo que hay de cadena o liberación en el siglo 20 y 21 está en esa música. Todas las pasiones más nobles, más fuertes, más duras o más deleznables y tan extensas como Siberia o antiguas como los nabos, están ahí.

Todos los bombos y los platillos. Toda la lentitud y toda la prisa. Toda la juventud de las ideas prodigiosas y todo el juicio de los ancianos cuando a éstos no se les consideraban unos inútiles. Está ahí.