La muerte que le espera a Ariel Sharon es la del llamado “encarnizamiento terapéutico”. Igual que Franco. No sé si será porque estos dos individuos pasaron la vida guerreando y matando y se ganaron quizás a pulso esta muerte ajena y cruel de hospital, bisturís y tubos donde los que deberían ser amigos parecen enemigos.

Médicamente hablando Sharon ya se había comprado unas cuantas papeletas para un ataque cerebral con esa envergadura de abdomen que había alcanzado. La vida y la muerte en el primer mundo está siendo así de idiota últimamente. Sabemos los riesgos que corremos teniendo nocivos estilos de vida, pero una vez que se cumplen los queremos –o peor aún, nos los quieren- solucionar por métodos carísimos, cruentos y sobre todo inútiles e ineficaces. En eso nos hemos convertido.

Cuando millones de niños mueren al año simplemente por falta de agua y sales, en el primer mundo engordamos terneros con los cereales que deberían estar comiendo esos niños sabiendo que cuando nos los comamos enfermaremos de arteriosclerosis.

No contentos con esto, en vez de asumir dignamente el riesgo que contraemos, corremos asustados y despavoridos a urgencias al mínimo dolor torácico que tenemos; nos hinchamos de costosas pastillas que disminuyen el colesterol y dejamos que nos trepanen el cráneo como la última oportunidad para extraer los coágulos y la grasa que alegremente durante años hemos incorporado a nuestro organismo.

Mientras, allende las vallas, las montañas y las fronteras los seres humanos sufren y mueren por la falta de los alimentos que aquí tiramos a la basura....Pues ni siquiera somos capaces de organizarnos y dárselos a los animales que lo necesiten.