A la 1 h de hoy he llegado a casa al final (lo previsto eran las 21h de ayer).

Estoy algo cansado del impersonal y frio vagar a la fuerza por los aeropuertos con vuelos retrasados, lluviosos, frios y.... maravillosos.

No me da miedo volar, pero sí siento un profundo respeto y admiración hacía esos aparatos y sus comandantes que navegan el inmenso cielo dia y noche. Porque pienso allí arriba que si el aire se comporta como un fluido, un avión es imposible que caiga; en todo caso es posible que se hunda. Pero no que se caiga.

Carlos Cristos (1956 médico y periodista, vital humanista) protagonista y co-autor de este impresionante documental tiene alrededor también esa gelatina aérea y atmosférica entre la cual podría hundirse, pero no caer jamás. Y así pasará.

Guardando la intimidad, paradójicamente y magistralmente nos lo enseñan todo: Parece mentira que toda esa luz de la pantalla sea Vida cuando lo que decidieron contar fue un proceso de Morir.

Sujetos a la rabia y a la maldición, con los ojos a reventar por la impotencia -que no por el melodrama- las otras luces tambien se encienden. La peli ha terminado.

Y sólo quieres, de ahora en adelante, vivir sin rutinas, sin vilezas, sin tonterías. Vas a salir por la puerta y te vas a comer el mundo. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué extraña generosidad has percibido cuando dejas a este Hombre seguir con su minutada tarea en un incruento aprendizaje mortal, y a ti las alas ya no te caben dentro? Notas que te baten y pujnan por desplegarse como pocas veces lo hicieron antes....

Son eso..Las Alas de La Vida. Quizás una herencia. No sabes. Una posibilidad universal demasiadas veces malherida, desaprovechada, ultrajada que lucha por estar presente y reivindicarse siempre.

Dar las gracias inmensas a Carlos y a todo su "equipo"...Y no obstante, quizás, nunca perdonar (o sí?) a la muerte enamorada. No sé. En todo caso no olvidarla jamás.