Recientemente dos renombrados políticos españoles han estado hospitalizados por eventos coronarios isquémicos (cardiopatía isquémica, infartos, ataque al corazón, etc.). Deseando ante todo que se restablezcan lo más pronto posible, quizás una vez probada la amarga miel de la enfermedad se decidan a convencer a sus colegas de la necesidad de investigar (hoy en dia, sinónimo de invertir) en la prevención de la enfermedad cadiovascular. Primera causa de mortalidad en el mundo occidental.

Sabemos bastante de la teoria y la evidencia de esta prevención. Yo creo que hasta los niños la saben: Ejercicio físico y disminuir el stress; no fumar; evitar excesos con la comida y reducir la ingesta de las grasas de origen animal. Pero el problema hoy en dia es cumplir estas recomendaciones, que la población aplique de una vez por todas ese estilo de vida saludable y mediterráneo.

Por tanto parte de esta investigación tan necesaria habría de incidir en el cómo aplicarlo, más que en el qué aplicar. El eminente cardiólogo Valentí Fuster afirma que "únicamente un 0,5% del presupuesto de salud está dedicado a la prevención, el resto es para el tratamiento. Y esto es así porque el tratamiento tiene un beneficio agudo y en la prevención los resultados se ven a diez, quince o veinte años". Y añade "es necesario investigar en la ciencia de la prevención para ser realmente eficaces frente a la enfermedad cardiovascular" (7 Dias Médicos. Oct-2005; nº 647). Un problema político pues.

Los médicos de familia y comunitaria, verdaderos especialistas ¿fracasados o insignificantes frente a las grandes industrias del tabaco, farmacéuticas, alimentarias y de ocio? en prevención y promoción de la salud estamos reclamando a las autoridades sanitarias hace más de 25 años la necesidad de que este aumento de inversión en atención primaria se realice ya, sin más demora. Sin embargo, año tras año vemos frustradas nuestras aspiraciones independientemente del color del gobierno de turno, sólo preocupados -parece- en las estrategias que aseguren su propia permanencia en las próximas elecciones. Esta miopía política dudamos muy mucho que se vaya a corregir sin un gran y profundo debate social sobre sanidad y salud de todas las partes implicadas, que por el momento brilla por su ausencia, desviándose nuevamente la atención social al ombligo territorial, inmediato y localista de los políticos.

Esperamos que el Dr. Valentí Fuster tenga más fortuna desde su presidencia del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares en promover en los políticos ese cambio de actitud por el cual cumplan y apliquen en la práctica sus lógicas y preciosistas proclamas de sostenibilidad y salud para todos exclusivamente desarrolladas en el papel satinado de sus programas electorales y el las bonitas palabras de sus mítines al sol y al viento.