Entra por la azotea invisible
y al hacerse luz en la habitación
te sienta en el sillón
casi de un empujón.

Con suerte podrás ver el mar
y los pájaros que te cuentan verdades
pero al rato ya se encargarán
que te zampes una buena dosis
de sangre sudor y lágrimas.

Es lo que hay.

Sí, ya sé que es lo que hay.
Por eso apago la TV
y directito me voy a tus ojos
aquí o allá o en sueños
también reflejos vitales de verdad....
pero de la verde verdad.